La probabilidad de escapar a la muerte es cero. No existe probabilidad alguna. Es por esta segurísima probabilidad que necesitamos de antemano rendirle nuestra vida a Cristo. No arriesguemos a la ruleta rusa el bienestar de nuestra alma. Hagámonos amigos de Cristo, el Hijo de Dios, mientras todavía estemos vivos. Hoy puede ser el día en que aseguramos nuestro futuro. Hoy podemos tener la seguridad de la salvación.
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