Si hacemos del oro el señor de nuestra vida, entonces en vez de poseer el dinero, el dinero nos poseerá a nosotros. Por eso dice el refrán: «El dinero sea tu criado, pero no tu amo.» Y por eso advirtió Jesucristo: «¡Tengan cuidado! Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.» Hagamos más bien de Cristo el Señor de nuestra vida. Así tendremos al Hijo de Dios, la vida misma, que vale más que todo el oro del mundo.
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