Cristo ofrece otra clase de vida. No es una vida de oropel, que imita el oro, sino de oro puro. A los ojos de muchos, tal vez parezca deslucida por ser una vida sencilla, recatada y sobria, de trabajo, de humildad, de esfuerzos, de sacrificios y de lucha. Pero no deja de ser, a la vez, una vida sumamente rica por su esencia espiritual, digna de recibir una recompensa insuperable.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario